El otoño ya está aquí. El frío va ganando terreno al calor, los días son más cortos, llueve… ¿Tiene algo bueno esta estación? Pues tiene menos que el verano o la primavera pero algo se puede destacar. Una de ellas es la alimentación, que cambia sensiblemente respecto a los meses de sol. Apetecen cosas más calentitas y contundentes.

Si no acompañamos este aumento de calorías ingeridas con ejercicio físico tendremos un problema. No obstante, damos por hecho que el deporte no se deja de lado pese a las bajas temperaturas y la lluvia, ¿verdad? ¡Muy bien!

Vamos a hablar sobre un alimento más otoñal imposible y que tiene unas propiedades desconocidas para muchos: las castañas.

Este fruto seco es una fuente muy importante de minerales, especialmente de hierro, fósforo y magnesio. Además, en su composición destacan los hidratos de carbono, las proteínas y la fibra. Por el contrario, apenas contiene grasas, lo que hace a las castañas una extraordinaria opción para obtener un impulso energético antes de hacer deporte.

La forma más habitual de comer castañas es después de asarlas o cocerlas aunque también hay quien le gustan crudas. Hay que tener cuidado y no abusar de comerlas sin cocinar porque son bastante indigestas.

Una de las características que más nos gustan de las castañas es su efecto saciante, por lo que de alguna manera podemos ‘engañar’ a nuestro organismo comiendo sólo un puñadito.

Por último, numerosos estudios han demostrado que comer castañas sube el ánimo en esta época del año tan propensa al decaimiento y a la melancolía.

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