En nuestra línea de ayudarte a conseguir -o mantener- nuestro peso ideal, ya os hemos resumido las líneas generales de lo que debe ser un desayuno y una cena perfecta. Hoy vamos a dar un paso más y os vamos a dar unas ideas para que comáis rico, sano y fresquito.

Partiendo de una base de legumbres, como puedes ser judías, garbanzos o lentejas, podemos preparar una ensalada muy veraniega. No es necesario que se cuezan en casa, basta con comprarlas en botes. Nuestro consejo es que, además de escurrizlas, las lavéis utilizando un  colador chino.

Una vez lista la legumbre tenemos un amplio abanico de posibilidades para acompañarlas. Aquí, claro, entran los gustos de cada personas. Si vas a preparar la comida para más gente, pregunta. Un ingrediente puede estropear la comida de alguien delicado.

Nosotros, que somos de buen comer y no tenemos remilgos, proponemos una vinagreta clásica (vinagre por tres partes de aceite de oliva virgen extra, sal, cebolla, pimiento rojo y verde). Con este sencillo aderezo queremos aportar sabor, pero hay que añadir más cositas.

A la hora de añadir proteínas en nuestra ensalada no pueden faltar los huevos cocidos. Olvídate de consumir más clara que yema. Aquí no se tira nada.

¿Tierra o mar? He aquí la cuestión. Los gustos de cada uno deciden. La opción del pescado en conserva es perfecta. Atún, caballa, sardinas, mejillones, pulpo… todo vale, preferiblemente en aceite de oliva y convenientemente escurrido.

Pollo, pavo, ya sea que haya sobrado después de comerlo a la plancha o asado, también casa bien. No descartes tampoco el fiambre de esos animales que puedes comprar en taquitos en cualquier superficie comercial. Hay quien mezcla sin pudor atún y pavo, nosotros preferimos tirar solo por uno de ellos pero sobre gustos no hay nada escrito.

La base y el cuerpo de la ensalada ya está listo. Ahora, démosle color y un punto más de sabor. Maiz, brotes de soja, pimientos, aceitunas (con mesura), pepinillos, cebolletas, alcaparras, espárragos… ¡Tú decides!

Ojo, lo hemos dejado para el final por su capacidad para estropearlo todo. Es el queso. Nos vuelve loco pero su alto contenido en grasas nos obliga a no pasarnos. Un queso blanco desnatado es perfectamente válido pero unos tacos de queso semicurado no es lo más recomendable para nuestra ensalada equilibrada.

Las salsas son otro factor que debemos no descuidar. La mostaza clásica es un complemento perfecto, con pocas calorías, e incluso se puede mezclar en la vinagreta, pero cuidado con las mayonesas, salsas rosas, césar y demás opciones que tenemos a nuestra disposición en el supermercado. Tu ensalada no las necesita.

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